Cuando hemos terminado el “peregrinaje” de recogida de viajeros para pasar unos días en Halong Bay, nos hemos dirigido a Halong City, en donde nos esperaría un barco que nos llevaría a visitar algunos recodos de estas innumerables islas calcáreas plantadas en medio del mar que componen esa conocida bahía…
En efecto, tras unas tres horas de camino hemos llegado al puerto de Halong City… Hemos dejado los bártulos un momento, mientras el guía trajinaba con el asunto del barco en donde pasaríamos la noche y en el que andaríamos todo el día de hoy y el de mañana por la Bahía de Halong…
Para llegar a la nave, hemos tenido que subir a otras que estaban en el puerto e irlas atravesando hasta llegar a la nuestra… Al llegar han cogido nuestro pasaporte, han tomado nuestro nombre y después de una buenísima comida (En donde he conocido a una pareja de australianos que llevaban mi misma cámara), nos han distribuido a cada uno en nuestras habitaciones. Tocábamos a dos por camarote y a mí me ha tocado con un neozelandés que no era mal tipo, pero que no me daba buen “feeling”… Como soy un poco rarillo y hasta insociable en algunas ocasiones, no me he dado excesiva importancia…
Hemos empezado visitando una cueva muy amplia y bonita, pero demasiado iluminada con colores y muy “turistizada” para mi gusto… Luego hemos cogido una embarcación pequeña para atravesar un arco de piedra que parecía la entrada de una cueva y que tras unos segundos nos ha llevado a una especie de “laguna” rodeada de montañas, una isla de agua rodeada de roca a la que solo se podía entrar penetrando la arcada desde una barca… La sensación era de una calma silenciosa en donde se podía oír nuestro eco… Algunos han optado por bañarse, yo no tenía nada debajo del pantalón, así que lo he dejado… Al salir de allí, el que llevaba el bote, nos ha pedido 2$ a cada uno… Yo, por supuesto no he pagado nada… Los timos no vienen incluidos en el precio de la excursión de dos días y una noche que contraté…
Tras esto, hemos regresado al gran barco y hemos pasado un tiempo atravesando paisajes increíbles que no he dejado de fotografiar… El sol brillaba espléndido (quizá demasiado para tomar fotos) y así ha sido todo el día…
Tras esto, nos ha tocado darnos un bañito desde el barco… Nos hemos ido tirando desde unos 15 metros de altura que había desde el techo hasta el agua… Ha sido gratificante… Luego me he dado una ducha en mi camarote y me he puesto algo más “decente” para esperar la cena…
La noche ha llegado, hemos cenado opíparamente y tras subir por un rato al techo a ver las estrellas desde las tumbonas, me he ido a la habitación a pasar las fotos al disco duro y luego he vuelto a subir… Le he prestado a la gente de arriba unas velas que no me hacían falta (y pesaban en la mochila) para que tuvieran luz y pudieran montarse su cháchara particular… Cuando me ha ido venciendo el sueño, he vuelto al camarote y me he ido quedando dormido… Algo más tarde, me ha despertado el neozelandés que venía de haberse tomado algunos calichazos de vodka en el techo… Un poco más tarde me ha despertado otra vez porque estaba hablando solo y mirando por la ventana… parecía sonámbulo, pero el caso es que afuera, la luz de la luna bañaba todo el entorno con una atmósfera encantada y serenísima que llamaba la atención… Ya no recuerdo más, me he quedado de nuevo “roque” en pocos segundos…
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